Contrafrenos rotos

Nada hay más peligroso que la tentación del poder: conquistado este, silenciada la liturgia de las urnas, el peligro de la tendencia hacia el cesarismo sordo queda expedito. Solo las democracias sólidas y las sociedades bien informadas y no anestesiadas por la galbana intelectual son capaces de corregir rumbos. La hojarasca del poder siempre es aprovechada por algunos cuyos hilos, tan finos como tenues, marcan las directrices y gestionan lo mediato, pero siempre a nivel macro en medio de una erosión institucional. Ese es el riesgo. La inexistencia de contrafrenos y límites. Vivimos instalados en la era del abuso del poder. Convertir el respaldo electoral en un escudo para eludir la rendición de cuentas y la auditoría institucional reduce la democracia a un plebiscito de adhesión y empobrece la responsabilidad por la gestión.
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