El agua de mar de aquel día

1 hour ago 1
Facebook X WhatsApp VK

Siempre lo recordábamos como uno de los días más felices de aquel verano. Fue hace tres años. Habíamos salido a pescar, a navegar, a bañarnos en alta mar, Héctor, patrón del barco, el poeta Tono Fornes y mi hijo Mauri. Los adjetivos para este caso ya los había creado Homero. Allí estaba la aurora con los dedos de rosa, el sol radiante, la brisa ligera, el mar en calma, una temperatura de 24 grados; mojama, huevas de atún y aceitunas amargas en las viandas; nuestros cuerpos saludables todavía y llenos de la alegría de vivir; el vuelo de las pardelas señalando un bando de atunes; ninguno de los tripulantes había tenido un mal sueño aquella noche, tampoco esperaba nada del futuro que no fuera atrapar el día y pasarlo bien, de modo que al ganar la bocana preparamos los curricanes e izamos las velas sobre una mar rizada. Con el motor apagado se impuso el silencio. Nadie hablaba de nada que no fuera tan agradable como el sonido de las olas contra la proa, nadie trataba de interrumpir la armonía del instante en la que solo sonaba el viento en las velas y una canción de Melina Mercouri. Así íbamos ganando altura hasta que por estribor se avistó la sombra del cabo de la Nao. Aparecieron los delfines. Llegado el momento con una mar tan transparente que se veía el fondo a unas 70 brazas acuartelamos el barco y nos tiramos al agua. Nada del otro mundo. Solo un día feliz que recordábamos siempre. Fue hace tres años. Héctor tuvo la idea de guardar como recuerdo una botella de agua de aquella mar tan azul en que nos habíamos bañado. Después llegó la fatalidad. Una tragedia familiar sacudió mi vida y también murió Tono, el poeta amigo. Héctor había guardado el agua de mar de aquel día y ha esperado hasta este verano para regalármela en un recipiente hermético de acero inoxidable. Lo he colocado en la estantería entre los libros que más amo. Ese recipiente de agua de mar contiene todos los mares, todas las filosofías, todos los instantes de una dicha del pasado.