El verano en que murió la noche
Caminando casi a tientas por los pasadizos de las cuevas de Tito Bustillo, la guía que nos dirige hacia las pinturas rupestres nos explica que quienes dibujaron las maravillas que estamos a punto de ver vivían en cavernas porque era el único lugar donde los humanos de entonces encontraban una temperatura soportable. Fue hace 20.000 años. Al salir nos enteramos de que muy cerca de donde habíamos visto un hermoso caballo violeta trazado con maestría sobre las ondulaciones de las rocas, que ayudaban a crear los volúmenes del animal, había también un mural gigante lleno de dibujos de vulvas, que no nos iluminaron con la linterna. Nos quedamos sin saber si ahí los cavernícolas aprovecharon también las hendiduras de las piedras para su arte. Como consecuencia, las autoridades pedagógicas competentes se ahorran poner a prueba con verdades anatómicas el sentido moral de los padres de los niños que van de visita. Aunque los niños, dicho sea de paso, lo primero que aprenden a dibujar en las paredes es el aparato reproductor masculino en todo su esplendor, pelos incluidos.
6 days ago
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