No todos los caminos llevaban a Roma
Rectilíneas siempre que fuera posible, con una pendiente lo suficientemente baja para que los carros y animales pudieran transitarlas y tan bien ubicadas que muchas de las carreteras modernas aprovechan su trazado. Así tiraban los agrimensores romanos sus calzadas. El estudio kilómetro a kilómetro de casi 300.000 kilómetros de vías del Imperio Romano, publicado en Nature Communications, muestra cómo Roma usó el empedrado para sostener su poder. El trabajo también muestra que la capital no era el centro de la red viaria; a ciudades que tendrían una relevancia histórica posterior, como Bizancio, sí que llegaban todos los caminos.
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