Una pluma atrapada en un excremento de dinosaurio da nuevas pistas sobre la extinción de las aves primitivas
Un día de 2016, el paleontólogo David DeMar tuvo mucha suerte. Cuando examinaba el suelo de Hell Creek (Montana, EE UU) encontró un fósil del tamaño de una pelota de golf. Era un coprolito —heces fosilizadas— de un terópodo (probablemente de un ejemplar joven de Tyrannosaurus rex o de un Nanotyrannus). En su interior, el coprolito guardaba una pluma de un ave acuática (no emparentada con las aves modernas) que, con una alta seguridad, pasó los últimos segundos de vida en el sistema digestivo de un T. Rex adolescente. Esa mala suerte del pájaro primitivo, sin embargo, le ha permitido a un equipo de paleontólogos revelar, en un artículo publicado este jueves en la revista Current Biology, que hace 66 millones de años ya existían plumas anatómicamente modernas. Esto puede arrojar nuevas pistas sobre por qué sobrevivieron los ancestros de las aves que conocemos en la actualidad y por qué se extinguieron los otros linajes.
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