Cosas de familia

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Hace un par de años nadie hubiera asegurado que al término del Gobierno de Andrés Manuel López Obrador y en pleno periodo de Gobierno de Claudia Sheinbaum la imagen de la frivolidad a nivel nacional sería la del hijo del expresidente que, para colmo, lleva el mismo nombre, pero que ha sido reducido a Andy. No es que se esperara algo notable del hijo del presidente, pero llevarse la etiqueta de superfluo millonario entregado a la acumulación de dinero a través de negocios poco claros es algo inesperado. En cualquier momento alcanza la etiqueta de corruptazo mayor. Sin duda, un golpe a Morena y al Gobierno pero sobre todo una mancha de chapopote –o de huachicol si se quiere- al apellido. La descendencia de López Obrador se ha convertido en un tema de conversación pública y para mal. Eso nos recuerda a Tolstói en Ana Karenina: “Todas las familias felices se parecen unas a otras; pero cada familia infeliz lo es a su manera”.

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